Perspectivas psicoanalíticas acerca de la diversidad sexual

Jornadas de Diversidad Sexual, 14, 15 de junio, 2002. Escuela de Letras, UCV

  En los planteamientos de Freud en “Tres Ensayos acerca de la sexualidad” de 1905 estaban sentadas las bases de lo que hoy llamamos diversidad sexual, al postular que no existe un vínculo “natural” entre la pulsión sexual y el objeto al cual va dirigida, y desarrollar las distintas modalidades de vínculo erótico que pueden producir los seres humanos además de la hetero y homosexualidad (exhibicionismo-voyerismo; masoquismo-sadismo; objetos no humanos; objetos muertos, son las estudiadas por Freud y hoy reciben el nombre de parafilias); más aún, estableció que la sexualidad no deriva de un “instinto” inevitable sino de una compleja relación de situaciones inconscientes que tienen lugar en la infancia. En una addenda de 1915 a los Tres Ensayos afirmó:  
La investigación psicoanalítica está decididamente opuesta a cualquier intento de separar a los homosexuales del resto de la humanidad como grupo de carácter especial. Estudiando las excitaciones sexuales distintas a las manifiestamente desplegadas, se ha encontrado que todos los seres humanos son capaces de hacer una elección de objeto homosexual y de hecho así ha ocurrido en el inconsciente.
  Más adelante, en “Psicogenésis de un caso de homosexualidad en una mujer” de 1920, dice: “la tarea a realizar no consistía en resolver un conflicto neurótico sino en convertir una variante de la organización genital de la sexualidad en otra....Después de eso (restaurar las funciones bisexuales) le queda escoger si desea abandonar el camino prohibido por la sociedad”. La noción de variante es un reconocimiento explícito a la diversidad sexual, así como la afirmación de que quien prohibe es la sociedad. Sin embargo, a lo largo del siglo XX se produjo una moralización de los conceptos freudianos que fueron acoplados a la normativa heterosexual reproductiva utilizando ciertas vacilaciones teóricas que sin duda podemos rastrear en el mismo Freud.  En ese sentido si bien Freud no produjo una afirmación explícita acerca de la patología de las opciones no heterosexuales, la “matriz de opinión” psicoanalítica estuvo básicamente conformada por la noción de “inmadurez”, regresión, o patrones conflictuales de identificación. Mas, lo que interesa destacar, es que el psicoanálisis ha incorporado las transformaciones que han ocurrido como consecuencia de los cambios culturales y/o tecnológicos que, particularmente en la segunda mitad del siglo XX, han modificado no sólo las concepciones acerca de la sexualidad sino la sexualidad misma, como veremos a continuación. Ralph Roughton (2001) es en los EE.UU un analista muy activo en los derechos de los psicoanalistas gay y lesbianas, y en la presentación en los congresos internacionales de planteamientos críticos contra los prejuicios teóricos y clínicos acerca de la homosexualidad. Explícitamente se diferencia de la corriente más común en América Latina y no incluye las “parafilias”, o “perversiones sexuales” dentro del criterio de “orientación sexual”, el cual, en su opinión, se refiere exclusivamente a un objeto humano, adulto, vivo y voluntario. En rigor la definición de Roughton se refiere, en mi opinión, más  a la orientación de género -que abre dos opciones básicas: elección homo o heterosexual-, que a la orientación sexual, que incluye, como ya señalamos, otras modalidades. Su criterio, al puntualizar el vínculo entre dos adultos voluntarios, representa, sin embargo, un posicionamiento ético necesario que compartimos ya que otras modalidades sexuales, al no incluir estas cuatro condiciones, pueden violar los derechos legítimos de los otros. En el mundo psicoanalítico contemporáneo, como lo presentara el año pasado en Caracas Otto Kernberg (2001), importante autor y en aquel momento presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional[1], la teoría acerca de la homosexualidad sigue siendo controversial. Es decir, no todos los psicoanalistas estarían de acuerdo en cuanto a la “normalidad” de la homosexualidad, o a que existan homosexualidades “normales”. Esto tiene importancia política porque incide en la selección de los potenciales estudiantes en los institutos oficiales de psicoanálisis. En 1999 la API produjo una declaración de principios que rechaza toda discriminación. Repreguntado el actual presidente Widlöcher por  Roughton, si esta discriminación en sentido amplio incluía concretamente la orientación homosexual, Widlöcher contestó categóricamente que sí la incluía[2], lo que ciertamente es un cambio político muy significativo ya que históricamente la heterosexualidad fue considerada como un requisito de admisión de los candidatos a psicoanalistas. Al respecto, Otto Kernberg afirma que en el Instituto de Nueva York, en el cual se ha acumulado ya suficiente experiencia, se presentan patrones de conflicto similares en los estudiantes hetero y homosexuales. En esta conquista la posición de los analistas de los EE.UU ha sido relevante ya que desde hace años comenzaron los juicios legales en torno a la no discriminación de estudiantes gay y lesbianas; sin embargo, más allá de esta declaración, permanecen criterios opuestos, explícitos o en forma de prejuicio oculto. Es importante notar que el elemento de discriminación no se asienta en la afirmación de que los sujetos homosexuales puedan presentar graves patologías psíquicas, lo que de hecho ocurre al igual que en el caso de los sujetos heterosexuales, sino en la adscripción de una patología específica o inherente al sujeto homosexual, y en la consideración de que la conducta homosexual es, por sí misma, un acto patológico. En cuanto a la conducta sexual Otto Kernberg (2001) define tres componentes: a) identidad de género. b) identidad de rol sexual y c) elección de objeto sexual. La identidad de género es el convencimiento irreversible de ser mujer o ser hombre. En 1932 Freud decía: “debemos concluir que lo que constituye la masculinidad y la feminidad es una condición desconocida de la cual la anatomía no puede dar cuenta”. Hoy sabemos más. Se trata de un proceso temprano, y se produce por identificación al género asignado por las figuras parentales, independientemente del sexo portado. Las investigaciones parecen demostrar que aun en los casos de anomalías cromosómicas o anatómicas, la asignación parental es el factor de mayor fuerza. La identidad de rol comprende las conductas designadas como masculinas o femeninas en la cultura. Aunque algunas investigaciones parecen indicar que las alteraciones de los niveles hormonales de testosterona en varones y niñas tienen alguna influencia, el mayor componente está relacionado con los factores psicosociales que conforman la identificación de roles. La elección de objeto sexual se refiere al género del objeto elegido, y en cuanto a los factores que determinan la elección homo u hetero, que ya Freud calificaba de “misterio”, no hay actualmente ningún elemento concluyente. Kernberg comenta: “Nuestros conocimientos acerca de la causa de esto: cero... Sólo tenemos teorías, algunas con más base que otras”. Es importante señalar que estos tres componentes son independientes entre sí. Es decir, la identidad de género y la identidad de rol no son simétricas entre sí ni con la elección de objeto. Encontramos sujetos con identidad de género e identidad de rol acordes al sexo portado con elección de objeto homo o heterosexual; e igualmente, sujetos con identidad de rol no acorde al sexo portado, con elección homo o hetero. Encontramos también sujetos con identidad de rol acorde al sexo portado, y elección heterosexual que, sin embargo, tienen una identidad de género conflictiva porque consideran que su cuerpo es un “error” que debe ser rectificado quirúrgicamente. Aquí podríamos distinguir entre el sujeto transexual que persigue un cambio de sexo para hacerlo acorde con su género psicológico, y el sujeto transgenérico cuya diversidad consiste en la adopción transitoria de un semblante de género, dentro de las diferentes modalidades del transvestismo pero sin modificación anatómica. Nos detendremos más en el componente de elección de objeto, sin embargo, no deja de entrar en la diversidad sexual el tema de la identificación transgenérica o fuera de la dialéctica masculino femenino. Al respecto  Roy Schafer (1994, 18) alerta acerca de la tendencia a creer que nuestras ideas sobre género se refieren simplemente a esencias prelingüisticas o clasificaciones fijas en la naturaleza que el lenguaje describe como “hechos de la naturaleza”. Concluye: “Debemos adquirir mayor consistencia en mantener una verdadera actitud analítica en nuestro trabajo clínico con miembros de ambos sexos y aquellos que resisten cualquier clasificación binaria”. Aun cuando la independencia de los factores antes señalados tiene amplio consenso es importante destacarla porque uno de los elementos discriminatorios o peyorativos de la homosexualidad ha sido la calificación de “hombres que son o quieren ser mujeres” y “mujeres que son o quieren ser hombres”, lo cual representa una lesión en la identidad  y se sustenta en una consideración naturalista de la sexualidad según la cual quien transgreda su determinismo “natural” transgrede o repudia su identidad de género. No es un hombre o una mujer completa. Precisamente, la teoría psicoanalítica propuso desde un comienzo la separación de la elección de objeto de los factores biológicos para asentarla en los procesos psicológicos que tienen lugar en la infancia. Sin embargo, el método de historia de casos ha sido de poca utilidad en la construcción de una teoría etiológica acerca de la elección de objeto. La biografía no establece una predicción acerca de la opción sexual, y así como tenemos mayor conocimiento acerca de los patrones de relación intrafamiliar que inciden en la construcción de identidad, tanto de género como de rol, no los tenemos en el punto específico de la elección de objeto. El psicoanálisis propone otra historia infantil que no es la que podemos reconstruir directamente de los acontecimientos o patrones observables. Es, precisamente, la historia del deseo sexual construido en la infancia. Lo que expongo a continuación es un desarrollo particular (Torres, 1998) que sustento en el concepto de “objeto causa de deseo” original de Lacan (1973), a partir del concepto de “fantasma sexual” descrito por Freud en su artículo “Pegan a un niño. Una contribución al estudio de la perversión sexual”, de 1919.         El objeto causa de deseo es aquel que soporta el deseo y lo causa. Se trata de un objeto que no tiene materialidad. Lacan lo define como una operación metonímica, un deslizamiento de la pérdida, un desprendimiento de un objeto radicalmente perdido. Un monumento a la pérdida. Este objeto sin materialidad es reencontrado al modo del object trouvé, en objetos reales que por alguna circunstancia, detalle o condición nimia, se convierten en soporte de ese deseo constitutivo. Este objeto se produce por desprendimiento metonímico del objeto primario de satisfacción que es con la mayor frecuencia el objeto materno. Aquí se plantea un escollo teórico. Si el objeto causa de deseo se desprende de un objeto femenino, el deseo por un objeto homosexual en el varón sería incomprensible. En el caso de la mujer, quedaría negado el deseo por un objeto heterosexual, salvo que lo consideráramos como un deseo vicario, es decir, que la mujer accede al deseo heterosexual mediante el vericueto materno, lo que nos devolvería a la visión androcéntrica de género. Distingamos entonces entre objeto causa de deseo y objeto parental. El objeto parental, paterno y materno, representa el más fuerte vínculo emocional de los seres humanos, debido a la extrema dependencia del infante que produce una relación indisoluble con aquellos que lo constituyen psíquicamente y lo consolidan en su desarrollo. Pero el apego, dependencia, afecto, y toda la gama de emociones vinculadas a estos objetos, debe en mi opinión diferenciarse del “objeto causa de deseo”. Este objeto que podríamos considerar virtual en tanto es una producción literalmente imaginaria (la mirada, la voz, algún resto nimio) que el sujeto “reencuentra” al azar en objetos reales, puede desprenderse de un objeto masculino o femenino. En mi opinión el sujeto homosexual no se diferencia del heterosexual en el hecho de que esté ligado afectivamente a un objeto parental del mismo género. Así vemos sujetos heterosexuales muy vinculados y dependientes de la figura parental del mismo género, y viceversa, sujetos homosexuales muy distantes de la figura parental del mismo género y por el contrario, muy apegados a la de distinto género. Es decir, vínculo histórico primario y vínculo erótico son diferentes, en todo caso, no simétricos. Lo que diferencia a un sujeto heterosexual de un sujeto homosexual es, fundamentalmente, el género del “objeto causa de deseo”. Pero recordemos que ese objeto no tiene materialidad, es un objeto “reconocido” por el sujeto de acuerdo a condiciones nimias que sólo tienen valor particular. Se trata, pues, de una mirada. La elección de una mirada deseante que convierte en deseado a un objeto encontrado al azar, la selección de una imagen que suscita el deseo y que se ha desprendido de un objeto del mismo género o de distinto género del sujeto deseante. Sin embargo, aunque esa mirada no la podemos asentar en su origen, o en todo caso sólo podríamos hacerlo en un análisis reconstructivo y nunca predictivo, esa mirada ha sido causada en un momento mítico, un momento cero, en el cual sobreviene aquello que Freud (1919) denomina “premonición del goce”. Esta causación -Freud insiste en ello- se produce por “causas accidentales” en la primera infancia; es decir, no sabemos cómo y por qué. La propongo, pues, como una causa azarosa que fija la inscripción en el deseo, de la cual sólo sabemos que es producida tempranamente, independientemente de la conciencia de su manifestación o de su represión sostenida posterior. Valga anotar que así como el deseo homosexual puede quedar reprimido o suprimido por razones socioculturales o psicológicas, de la misma manera ocurre con el deseo heterosexual. De este modo, la elección de género del objeto se registra no dentro del marco pulsional ni de las identificaciones, sino de las posibles variantes de la inscripción del objeto causa de deseo.
  1. La inscripción y elección de un objeto único heterosexual
  2. La inscripción y elección de un objeto único homosexual
  3. La inscripción doble de objeto con tres variantes de elección:
    1. Objeto elegido heterosexual sin objeto elegido homosexual (por represión o repudio o cualquier otra causa)
    2. Objeto elegido homosexual sin objeto elegido heterosexual (igualmente)
    3. Objeto elegido alternante
Esta modalidad de la inscripción doble abre la opción de que en la articulación deseante el sujeto pueda establecer uno o varias articulaciones con objetos masculinos o femeninos, y da otra lectura al fenómeno conocido como bisexualidad, que forma también parte de las modalidades de elección sexual, y por lo tanto, de la diversidad sexual. Freud decía en 1915:  
Desde el punto de vista psicoanalítico el exclusivo interés sexual de los hombres hacia las mujeres es también un problema que necesita elucidación y no es un hecho por sí mismo evidente basado en una atracción que finalmente remita a la naturaleza química.  
Roughton plantea que sabemos poco del desarrollo normal del sujeto homosexual en tanto la homosexualidad ha sido considerada una desviación del desarrollo normal de la sexualidad, y en ese sentido, la investigación ha partido de premisas sesgadas. Kernberg considera que ha sido el puritanismo de la cultura anglosajona lo que ha impedido investigar más profundamente en la vida sexual infantil. Ahora bien, si esta articulación deseante se produce por condiciones que no conocemos hoy, o por razones accidentales, o por factores genéticos como algunas investigaciones han sugerido sin ser concluyentes, lo interesante es que tan complejo y misterioso es el desarrollo y conformación de un sujeto heterosexual como el de un sujeto homosexual.  

Referencias

Freud, S. (1915). Three Essays on the Theory of Sexuality. Standard Edition: Vol VII: 145-146. London: Hogarth Press, 1974 _______ . (1919). “A Child is being Beaten”: A Contribution to the Study of the Origin of Sexual Perversions. SE: Vol XVII. London: Hogarth Press, 1974 _______ . (1920). The Psychogenesis of a Case of Homosexuality in a Woman. SE: Vol XVIII: 150-151. London: Hogarth Press, 1974 ________ . (1932). “Femininity”. New Introductory Lectures on Psychoanalysis. SE: XXII: 114. London: Hogarth Press, 1974 Kernberg, Otto (2001). “Aspectos controversiales en la teoría psicoanalítica de la homosexualidad y bisexualidad”. Trópicos, Revista de Psicoanálisis. “Otto Kernberg en Caracas”. Año IX, Vol 1. pp 97-120. Fondo Editorial Sociedad Psicoanalítica de Caracas Lacan, Jacques (1973). “Du regard comme object petit a”. En Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse. Paris: Editions du Seuil Roughton, Ralph (2001). “Homosexuality: Clinical and Technical Issues”. Newsletter International Psychoanalysis. Vol 10. Issue 1 Schafer, Roy (1994). “On Gendered Discourse and Discourse on Gender”. Psychoanalysis, Feminism, and the Future of Gender. Psychiatry and the Humanities, vol 14. Baltimore: The Johns Hopkins University Press. Torres, Ana Teresa (1998). “Para una cartografía del erotismo” en Territorios eróticos. Caracas: Editorial Psicoanalítica.  
Notas:
[1] Fundada por Freud en 1910 [2] Carta de Daniel Widlocher a Ralph Roughton. 21 de septiembre de 2001. En Ipa Newsletter. Vol 10. num 2. 2001. Asociación Psicoanalítica Internacional